Cuidar de tu fascia es lo mismo que cuidar de ti. Ya sabes cómo hacerlo: come sano, duerme bien, tómate la vida con tranquilidad. Sin embargo hay dos factores que están especialmente relacionados con la fascia: el agua, y el movimiento.
El agua conforma tres cuartas partes de nuestro cuerpo. Gran parte está dentro de nuestras células, o circula por la sangre. Entre estos dos ambientes está la matriz extracelular, que constituye el medio interno por el que los nutrientes y el oxígeno pasan desde la sangre hasta a nuestras células. Pues bien: la fascia está embebida en matriz extracelular.
Sin agua, la matriz se seca, y se vuelve pegajosa. La fascia deja de deslizar. Y esto compromete el movimiento del cuerpo, el flujo sanguíneo, la conducción nerviosa, la nutrición celular… nuestro cuerpo se debilita, y bajan nuestras defensas. Los estudios científicos demuestran que una fascia poco hidratada, rígida, no sólo puede generar dolor, sino que facilita la instalación y expansión de las infecciones y tumores. Sólo tienes que beber agua… y moverte.
El segundo factor clave el el movimiento. Las células fasciales, en concreto los fibroblastos, generan las fibras que conforman el tejido fascial. Las células están prendidas de la red de fibras, y pueden orientarlas, tensarlas, o desintegrarlas. ¿Y cómo saben los fibroblastos qué fibras deben generar, hacia dónde, y qué tensión necesitan? Porque son capaces de sentir el movimiento corporal, y responder de forma acorde. Generan fibras más duras y densas en las direcciones que soportan mayor tensión, y deshacen las fibras en las direcciones que realizan mayor deslizamiento. Si no nos movemos no les damos a los fibroblastos la información que necestian. Generan fibras de más, y de forma anárquica; el tejido se hace más rígido, más tenso, peor hidratado… y volvemos al principio del párrafo anterior.
Tu cuerpo es capaz de reorganizarse solo después de superar una lesión, una enfermedad, o una cirugía, pero para eso tienes que beber suficiente agua y moverte. Cualquier deporte es bueno; haz lo que más te guste. Y si aún así hay zonas que no consiguen volver a la normalidad, en eso consiste la Inducción Miofascial: en ayudar a tu sistema fascial a recuperar su rango natural de movimiento. Es así de fácil.